En el caos sucumbidos por los caprichos de un mal escrito destino
se rehúsa a ser bien devenido y detenido.
Las palabras créanse de las ideas y se crecen en fortalezas inderogables perspectivas de la eternidad
Pero como la lluvia cae, el amor también
Y es nuestra idea la esencia de alguna diosa muerta que todavía se cree inmortal e insiste en perdurar.
Mas ni las plegarias e imploraciones ni las más impetuosas imprecaciones inclusive permiten la negación;
Porque hay un sentido de pertenencia,
la más arraigada de las formas de propiedad;
Llámese propia verdad.
Individualismo protector de una piel que supo saberse fiel
Al eterno retorno de las musas confusas volvemos
compañeras de una pareja convertida en individuo, en un ser, que no necesita más nacer, ni morir, ni existir,
porque vive en ese único sentido, que es la pureza de un tatuaje espiritual
Los labios conservan esa equívoca desavenencia del funámbulo péndulo del amor
Despojase alguno del piadoso inoportuno memorial de las promesas que una vez fueron bienvenidas como frambuesas desde una boca a otra formando un beso a la eternidad.
Y así despidiéndonos en el frío del viento invernal,
Quedan solo mis dedos,
Helados mis cabellos
Mis promesas perdidas
Asustadas sin horizonte
las sonrisas lagrimosas son de un presente que antes de presentarse ya tiene cara de recuerdo
porque marca una herida que llega para quedar.
Y la ves, y el el mismo instante la recordás.
Y decís gracias pero llorás
risas de piel roja desprolija valija del recuerdo de un sabor.
Pero el sabor no duele y el recuerdo perdura perseverante en la más dura esfinge representativa de un saber, querer.
Yo sé lo que digo, pero no cómo lo digo.
Y tantas veces te he perdido, que una vez más ya no le cambia el sentido.
Y es esa voluntad de repetir lo indefinido, esa contumacia de sufrir una y mil veces la misma desgracia.
Que pensás que ya no tiene gracia
Mas no se si amo mi destino,
Y empiezo a dudar sobre si lo que hago va hacia algún camino.
Todo sea por un delirio mejor, todo sea por aproximar la próxima vez a un atino mayor.
Te vas volando por un parque de árboles marchitos
Te vas cantando la canción más triste de tu corazón
Te vas sonriendo porque amas mi perdición
Porque solo sabés que ahí encontrás tu salvación y adoración
En la permanencia de la idea,
En la insoportable reminiscencia de volverte adicta
al amar ninguna otra cosa
que la verdadera ausencia